Vale el Gol con la mano: Queda suspendido el contagio por 72 horas

Por Dante Gebel - Nadie pone en duda lo que Maradona significó para el fútbol y el hincha. Independientemente de su vida personal (de la cual ahora no viene al caso) Diego fue el mejor jugador del mundo, y no está sujeto a debate su habilidad con la pelota y las alegrías que nos brindó a los amantes del fútbol. 

Más adelante, cuando los ánimos estén mas calmados y no haya tantas pasiones encontradas, seguramente podremos hacer un análisis mas objetivo de su paso por la vida, sus excentricidades, las contradicciones, sus declaraciones, el entorno, su agitada vida de rock star. Diego siempre fue Diego, nunca se pareció a nadie.

Aquellos que somos cristianos, tampoco nos consta que sucedió en su corazón en sus últimos minutos de vida; se que le han hablado del Señor infinidad de veces; tengo amigos en común que dan fe de eso y Diego (a pesar de esa aparente dureza) solía conmoverse. “El barba me va a perdonar, para que me re encuentre con la vieja”, decía. En fin, no nos corresponde a nosotros especular acerca de dónde pasará su estadía en la eternidad. Me aterran por igual, los que afirman que “seguro que se fue al infierno porque su vida dejó mucho que desear”, como los que aseguran que “está en el cielo porque nos trajo la Copa”. Eso es algo que está fuera de nuestra jurisdicción; la sola especulación es una torpeza de mentes estructuradas. 

Solo Dios lo sabe.

El tema más preocupante es cuando la pasión obnubila la razón. 

Cuando la incoherencia puede más que el sentido común.

En la Argentina, y por causa de la pandemia, a la fecha van casi 38,000 fallecidos, cuyos familiares no pudieron despedirse en un funeral digno. Muchísimos nietos e hijos, no pudieron decirle un último adiós a sus papás y abuelos. Un derecho que se le prohibió a cientos de familias que rogaban despedirse.

Nueve meses encerrados, “tomando conciencia”, “quedáte en casa”, aunque pierdas el trabajo, aunque dejes de estudiar, aunque no veas a los tuyos ni los puedas cuidar. Vecinos denunciando a sus pares, que trataban de paliar el hambre de su familia, y ni hablar de las restricciones para las Iglesias o las escuelas. No más de 20 personas en un templo, distancia social, tapabocas, alcohol en gel, asepsia.

Quizá Diego se merecía ser velado en un estadio de fútbol, al aire libre; pero la incoherencia de permitir que se convoquen miles de personas, casi sin protocolos, tanto dentro de la Casa de Gobierno, como el amontonamiento de miles de fanáticos (muchísimos sin mascarilla, sin distancia social, apiñados, reprimidos) solo causa estupor al ver tamaña incoherencia. 

No va a faltar quien esgrima la idea que mi opinión responde a una parcialidad política, pero esto no se trata de grietas, sino de sentido común. 

También alguien dirá “que todo se desbordó”, o que “la familia eligió la Casa Rosada”, pero se trata justamente de eso, de prever, de mostrar liderazgo, más cuando desde un día antes aseguraban que “esperaban a un millón de personas”.

Justo en el año con menos fútbol, por obra de la pandemia, una pandemia que no se acabó y que nos mantiene en un Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio dispuesto por las autoridades, justo cuando, estimulados por las mismas autoridades, salieron a amontonarse para las exequias del 10.

Un famoso y respetado infectólogo acaba de decir: 

“Sugerimos que debía armarse en un lugar más abierto, por ahí -de hacerse en la Rosada- que fuera en la explanada de la entrada por Rivadavia, que está a resguardo, pero aireado. Después, lo de rigor: 1) distancia de dos metros en la cola; 2) todo el mundo con barbijo; 3) pasaje breve por el cadáver, no más de treinta segundos y que la gente no tenga dónde agruparse. Si esto no se cumple todo prolijamente, puede ser una hipoteca de acá a una semana o quince días. En las aglomeraciones al aire libre se reducen los riesgos de contagio, pero no desaparecen”.

Para reunirnos a orar tenemos que tomar todas las medidas sanitarias. Pero cuando se trata de Maradona, nueve meses de encierro pasan a ser un simple chiste de mal gusto.

Quizás el contagio quedó suspendido por 72 horas y algunos nos perdimos el anuncio oficial de Presidencia.

Pero, bueno: hablamos del Diego. Y el gol con la mano, vale.


Fuente: Facebook, Dante Gebel

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