Sputnik V en Rusia: los rusos desconfían y los centros de vacunación lucen vacíos

Ahora Mburucuyá - El anuncio del Kremlin sobre el hallazgo de la cura del Covid y la campaña masiva se ven empañados por el escepticismo de los ciudadanos. Otra verdad escasamente difunda es que escasea.

La vacuna contra el coronavirus desarrollada por el gobierno ruso, Sputnik V, fue anunciada por triunfalismo por el Kremlin y sus medios adeptos, pero recibida con escepticismo internacional ante un anuncio considerado prematuro, antes del inicio de los ensayos clínicos de gran escala en voluntarios humanos y la publicación de los resultados científicos.

En Rusia, la vacunación de la población comenzó a principios de diciembre y los trabajadores en situación de riesgo, especialmente los de los sectores de la educación y la salud, fueron los primeros en recibirla. Las autoridades priorizaron a personas entre 18 y 60 años sin enfermedades crónicas y que no están embarazadas ni amamantando.

Sin embargo, diversos reportes de algunos hospitales de Moscú que ofrecían la vacuna a personal sanitario y maestros, los primeros de la lista, reportaron estar vacíos durante las jornadas de vacunación. En efecto, días después del inicio de la vacunación en Moscú, el alcalde dijo que 6.000 personas habían recibido la primera de las dos dosis, lo que equivale a unas 17 personas por día en las 70 clínicas habilitadas.

Otra verdad escasamente difunda es que la Sputnik V escasea. A pesar de que Putin anunció una vacunación “a gran escala”, la capital rusa comenzó la campaña de vacunación el pasado 5 de diciembre y en los primeros seis días fueron entregadas solo 6.000 dosis, con 20.000 personas en la lista de espera (solo sanitarios, educadores y asistentes sociales).

En el resto del país las dosis fueron entregadas pocos días atrás, pero se trata de una gota en el mar (en San Petersburgo, donde fueron tomadas medidas duras para reducir los contagios, arribaron solo 2.000 ampollas). 

Un sondeo realizado en octubre por el Centro Levada, la principal encuestadora independiente rusa, mostró que el 59% de los rusos no estaba dispuesto a vacunarse aunque fuera gratis.

“No me preocupa tanto que Sputnik V sea poco segura o menos efectiva de lo que necesitamos que sea”, dijo Judy Twigg, profesora de ciencias políticas en la Universidad Commonwealth de Virginia y especialista en salud global. “Me preocupa que la gente en Rusia vaya a estar dispuesta a ponérsela”, agregó.

El doctor Alexander Zatsepin, especialista de Cuidados Intensivos en Voronezh, una ciudad 500 kilómetros de Moscú, dijo después de vacunarse en octubre: “Llevamos desde marzo trabajando con pacientes de Covid-19, y cada día, cuando llegamos a casa, nos preocupa infectar a nuestros familiares. De modo que cuando apareció una oportunidad de protegerles a ellos y a mí mismo, pensé que debía aprovecharla”, señaló. Zatsepin, sin embargo, dijo a The Associated Press que sigue cuidándose porque los estudios sobre la efectividad de la vacuna aún no terminaron: “Todavía no hay confianza absoluta”.

La vacuna ha sido particularmente popular entre los miembros de la élite política y empresarial de Rusia, algunos de los cuales se ofrecieron como voluntarios para tener acceso temprano a ella e instaron públicamente a las personas a registrarse, informó el Financial Times. “Mucha de la élite preferiría morir por la vacuna que por el virus. Cuando la gente importante en las grandes oficinas hace algo, muchos otros hacen lo mismo”, reconoció un banquero afín a Putin. “Si el gobierno te dice que hagas algo, hay que hacer lo contrario”. 

La doctora Yekaterina Kasyanova, de la región siberiana de Kemorovo, dijo por su parte que la vacuna Sputnik V no le parecía lo bastante fiable y había recomendado a su madre que tampoco se la pusiera: “La vacuna tiene unos meses (...) No se saben los efectos a largo plazo, su efectividad no se ha demostrado”, dijo a AP.

“Honestamente, no creo en la medicina rusa y todas estas vacunas, porque no confío en que nuestro gobierno mejore las cosas”, dijo Viktoria Marchenko, de la ciudad de Gatchina, en las afueras de San Petersburgo. La estrategia comunicacional del gobierno ruso no ayudó a su causa, emitiendo mensajes confusos sobre si los vacunados deben renunciar al alcohol y fumar durante 42 días después de la vacunación. “No confío en ellos porque siempre mienten”, dijo Lia Shulman, estudiante de ingeniería mecánica, de 21 años, al Washington Post. “Si el gobierno te dice que hagas algo, hay que hacer lo contrario. No quiero que me vacunen y mis padres tampoco”, continuó Shulman. “La mayoría de mis amigos piensan igual”.

Hasta ahora, los científicos rusos publicaron solo los resultados de las Fases 1 y 2 en la revista médica británica Lancet, y tanto sus desarrolladores como el Kremlin afirmaron que la eficacia de la vacuna Sputnik V supera el 95 por ciento y es segura. 

El recibimiento popular poco entusiasta de la vacuna nacional podría significar cautela hasta que se obtenga más información del ensayo de fase 3. Pero si esto dura más, podría ser un gran revés en los esfuerzos de Rusia por controlar la pandemia. El país es el cuarto país con mas contagios (2,7 millones) y acumula según la estadística oficial poco más de 49.000 decesos, cifras que sugieren una letalidad menor que en Europa occidental o en Estados Unidos, algo de lo que Putin se jacta desde hace meses. 

Pero la agencia estadística rusa Rosstat detectó en octubre una sobremortalidad de 50.000 fallecimientos en ese mes respecto del mismo período de 2019, lo que hace dudar de las cifras suministradas por las autoridades. La diferencia se debería a la definición rusa de lo que constituye una muerte por coronavirus: el covid-19 debe ser identificado como causa principal de la muerte mediante una autopsia. El Kremlin se resiste a imponer una cuarentena nacional, diciendo que las medidas específicas para contener el coronavirus eran suficientes, aunque advirtió la semana pasada que San Petersburgo estaba cerca de cruzar una “línea roja” al quedarse peligrosamente sin camas en los hospitales. 




Fuente: Perfil

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